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Es el paciente quién
debe ser tratado
y no la enfermedad.
No se cura realmente atacando la
enfermedad, sino comando el cuerpo con las hermosas vibraciones de
nuestra naturaleza superior, en presencia de la cual la enfermedad se
funde como la nieve bajo el sol.
La curación emana de nuestro interior
igual que la enfermedad.
La salud depende de que estemos en armonía con nuestra alma.
Nuestras almas son perfectas. Somos hijos de Dios, y todo lo que nuestra
alma nos obliga a hacer es por nuestro bien.
Todo lo que tenemos que hacer es salvaguardar nuestra personalidad,
vivir nuestra propia vida, ser el capitán de nuestro propio barco, y así
todo saldrá bien.
Para que nosotros mismos seamos libres, debemos dar libertad a los
demás.
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