Terapia floral en las alteraciones anímicas que explican la respuesta de ansiedad
Autoras:
Msc. Eloida
Pedroza Jorge[1]
Dra. C. Lucía
Alba Pérez[2]
Lic. Dayamic
Rodríguez Cuellar[3]
Es posible que el título de este trabajo sugiera que las
emociones puedan o deban ser curadas, en este caso con Terapia Floral. Sería
ilógico que se nos ocurriera cambiar algo tan personal como la manera de sentir
y expresarse, en dependencia también de las circunstancias de la vida. Sin
embargo del mismo modo que se adquieren ciertas disposiciones físicas, se
adoptan algunas emocionales y asimismo se puede cuidar de las emociones y
tendencias como se hace con lo físico, porque el cuerpo y las emociones forman parte de un todo y bajo ningún
concepto deben considerarse por separado.
(Handley, 1996). Más bien nuestro trabajo se ocupa de demostrar cómo
podemos equilibrar las emociones y en consecuencia lograr bienestar, porque es el desequilibrio de las
emociones el que provoca los problemas de Salud y no el hecho de vivenciarlas o
expresarlas.
Ya desde tiempos remotos los
médicos chinos explicaron como las emociones gravitan hacia órganos específicos
y adelantaron su relación causal con determinados trastornos del bienestar,
cuestión de la que la psiconeuroinmunología se ocupa hoy con importantes
hallazgos.
Otra mirada también
integradora de la naturaleza humana ha sido desarrollada, desde milenios atrás,
por la medicina Hindú o Ayurvédica. Propone que una compleja red de conductos
relaciona las energías de diferentes características vibracionales con el
cuerpo físico. El flujo de energías sutiles atraviesa una serie de conversiones
multiplicadoras en unos centros que ellos denominan Chacras. Los Chacras
procesan estas energías, traduciendo sus efectos a través del sistema endocrino
en expresiones biológicas, ellas, (las energías sutiles) son tan necesarias al crecimiento armonioso y al
mantenimiento de la vida, como las energías bioquímicas y los elementos
moleculares constitucionales, que bajo la forma de nutrientes físicos, absorbe el sistema digestivo.
Por su parte la
Bioenergética tiene como fundamento sencillo la concepción de que el individuo
es su cuerpo y lo que siente el hombre puede también leerse en la expresión del
mismo. Entonces las emociones son también hechos corporales, literalmente,
movimientos o alteraciones dentro del cuerpo que generalmente se traducen en
alguna acción exterior, porque “la persona es la suma total de sus experiencias
vitales, cada una de las cuales está registrada en su personalidad y estructurada
en su cuerpo”. (Lowen, 1988).
Este viejo paradigma,
reconocido aceptado e integrado por médicos y pacientes partidarios de la
Homeopatía, hace que se desestime a la medicina clásica, por “estar sólo
interesada en curar enfermedades, sin prestar atención a la persona en su
totalidad.” (Avasani, 1996).
Así, aceptando la concepción
del cuerpo como un todo único, “no tendríamos que seguir aportando pruebas
sobre la evidencia de que las emociones o el estrés alteran los índices
biológicos”. (Schnake, 1995). Porque en la actualidad ya nadie o casi nadie
duda que la emocionalidad favorable “puede condicionar el sistema inmunitario,
hasta el punto de constituirse como barrera infranqueable a enfermedades muy
graves como las cardiovasculares o algunos cánceres” (Montalcini, 1999).
Uno de estos trastornos del
bienestar a que hacemos referencia, muy vinculado a la emocionalidad, es la
Ansiedad y constituye uno de los cuadros clínicos más frecuente en la población
en general, (algunos estudios cifran entre un 13 y 15%). Lo más
preocupante es que se confirma
científicamente que un 46,7% de las personas aquejadas de Ansiedad, presentan
un elevado grado de deterioro psicosocial, que provoca problemas de alcoholismo
y todo tipo de adicciones, depresión y enfermedades como úlceras, afecciones de
la piel, disfunciones sexuales y fatiga
crónica, propiciadas en parte por una
disfunción en el sistema inmunológico, que hace al individuo más vulnerable a
todo tipo de enfermedades. (Hernández y col. 1994).
La ansiedad ha sido
estudiada desde diferentes escuelas psicológicas, desde la formulación
Psicodinámica se equipara con angustia, ante la percepción conciente o
inconciente de una situación de peligro para el sujeto, desde la Psicología de
la personalidad se afirma que a partir de ciertos rasgos podemos predecir las
alteraciones emocionales de los individuos y finalmente la Perspectiva
Experimental aporta importantes modelos conductuales del estudio de la
ansiedad.
Ahora bien, con
independencia de las explicaciones o conceptualizaciones teóricas, existe consenso respecto a sus
manifestaciones, abandonando la idea de que la ansiedad es un fenómeno
unitario, para sostener que su respuesta está compuesta por tres sistemas;
motor; fisiológico y cognitivo.
En el sistema psicofisiológico,
se constata como una hiperactividad
vegetativa que se traduce en un aumento de la activación del sistema simpático, que implica una serie de
respuestas en el ámbito fisiológico. Tales manifestaciones son según el DSM III
R (APA, 1987) la dificultad para respirar o sensación de ahogo, palpitaciones o
ritmo cardíaco acelerado, sudoración o manos frías y húmedas, sequedad de la
boca, mareos o sensación de inestabilidad, náuseas, diarreas u otros trastornos
abdominales. Sofocos o escalofríos, micción frecuente, dificultades para tragar
o nudo en la garganta.
En cuanto al sistema motor,
las manifestaciones pueden aparecer perturbaciones de la conducta motora verbal
(temblor en la voz, repeticiones,
quedarse en blanco) y en la no verbal (fundamentalmente tics y temblores). El
resultado final es que se amplíe el conjunto de situaciones potencialmente
evocadoras de ansiedad y se produzca
una progresiva pérdida de confianza en sí mismo y por tanto, de autoestima.
Las manifestaciones
cognitivas, por regla general, se traducen en una preocupación excesiva
reflejada en pensamientos e imágenes negativas sobre la situación, el propio
sujeto, las respuestas ante esa situación y las consecuencias de la misma que
la persona percibe como incontrolables por su parte. Por supuesto esta
negatividad implica la evaluación negativa de los estímulos, imaginación de
ejecución de respuestas de evitación, la preocupación excesiva e irrealista
sobre los propios síntomas y los de sus allegados, el temor a críticas por
parte de los demás y la continua anticipación de consecuencias desagradables.
Evidentemente, ante esta
problemática de salud, lo más importante es la adecuada distinción diagnóstica
o la identificación precisa de los estados emocionales que subyacen, (tanto si
el conflicto ha cristalizado en la mente, como mediante su expresión o
simbolismo en el cuerpo) que nos sitúa ante la disyuntiva de la elección del
recurso terapéutico más eficaz en la corrección o el alivio de cada daño
potencial. En este caso, la Terapia Floral.
Tal elección se basa en su capacidad para subvenir a la profunda
necesidad del hombre de vibrar positivamente en armonía con su entorno,
porque los remedios florales son armonizadores
de energía, dado que las plantas y sus vibraciones tienen la habilidad de
facilitar el balance energético.
En esta terapéutica, la
prevención y curación de la enfermedad se logra descubriendo lo que la causa y
erradicando el defecto, con el desarrollo de la virtud opuesta. De manera que
no es la naturaleza de la enfermedad la que interesa, sino el paciente que la
porta y el criterio de curación no debe ser la eliminación de los síntomas,
sino el cambio de perspectivas del enfermo, la recuperación de su paz mental y
su felicidad interna.
Para
nadie es un secreto que los fármacos de la ansiedad pueden reducir los
síntomas, pero no actúan sobre la causa. Una adicción a largo plazo es el
precio menor que hay que pagar, porque
el precio mayor probablemente esté en la abstinencia, con síntomas tan grandes
como los originales.
Para experimentar estos
supuestos teóricos nos propusimos como objetivo general determinar la efectividad de la
Terapia Floral en las alteraciones anímicas que subyacen a la respuesta de
ansiedad y más específicamente, identificar las manifestaciones más comunes en su relación con las emociones
como posibles factores de génesis y/o mantenimiento de este estado.
El
estudio de 50 pacientes de ambos sexos, entre las edades de 17 a 76 años, con
disposición voluntaria a colaborar, implicaba el compromiso de no participar de
otras modalidades de tratamiento, en el curso de esta experiencia.
El
tipo de diseño es “Del grupo contra
sí mismo”. Antes y después del
tratamiento, se registraron todas las vivencias de malestar que aquejaban a los
pacientes, aislando las manifestaciones de Ansiedad en su triple sistema de
respuesta.
Tal
como es práctica cotidiana en cada
reconsulta, al valorar las modificaciones que se producen, en este caso atribuibles
a la acción natural de las esencias florales, se emplearon indicadores objetivos y estables para clasificar las
manifestaciones clínico-psicológicas en:
Remite, para el caso en que no
se repite la experiencia dolorosa (de cualquier naturaleza) Mejora, si se refiere alivio o disminución
de la intensidad y/o frecuencia de ocurrencia de tal síntoma; Mantiene, si la vivencia del trastorno
de bienestar es igual o puede ser comparada con la referida en la evaluación
inicial, y Empeora, cuando la
dolencia o manifestación de Ansiedad involucione, agravando la percepción de malestar del paciente.
El análisis estadístico-descriptivo mostró la medida en
que el abordaje terapéutico de las distorsiones emocionales, posibilitó la remisión, el mejoramiento, mantenimiento,
y/o empeoramiento de los síntomas o trastornos del bienestar referidos en las
sesiones iniciales de evaluación.
Matices
de corte descriptivo reflejan una feminización
marcadísima (76%), lo que habla
a favor de una mayor demanda por parte de las mujeres, reafirmando hallazgos de
otras investigaciones que señalan que éstas duplican el número de hombres que
la padecen. (Hernández, J.M. y cols. 1994).
El nivel escolar predominante es el Universitario,
(50%).
El 86% de las personas
que consultan es soltero y de
ellos el 64% corresponde al sexo
femenino. Contradictoriamente en estudios consultados, aparecen con más
propensión a sufrir estados de ansiedad los sujetos separados o divorciados.
(Hernández, y cols. 1994). De todas
maneras la ausencia de pareja, fue
vivenciada como sentimiento de soledad en un 22%, referido siempre por los
solteros ,que confirmaron en cifras no despreciables, saberse necesitados de
compañía.
Coincidiendo en hallazgos con reconocidos estudios,
encontramos que el porcentaje mayor (58%) corresponde al grupo de edad
comprendido entre los 25 y 44 años. A mayor distancia, con el 28% le sigue el
grupo de 45 a 60 años, los menores de 24 con el 10% y por último los mayores de
60 con el 4%.
Aceptando que la edad ha sido desestimada como variable
independiente, ni siquiera aceptada como una magnitud psicológica, la
información, corrobora por un lado lo inadecuado del supuesto que los jóvenes
sean siempre tan sanos y por otro, que
la edad madura sea un obstáculo para
ser feliz.
A partir de estas características de la muestra
estudiada, podríamos aproximarnos tentativamente a un perfil de paciente, que es una mujer que sufre y se queja de
ansiedad, tiene entre 25 y 44 años de edad,
es soltera y Universitaria.
A simple vista, contar con estas premisas simplificaría
la labor terapéutica, si no estuviéramos tratando de personas, más bien de
personalidades, de seres infinitamente multidimensionales e indiscutiblemente
individuales, únicos, y sobre todo usando una terapia cuya esencia es su
naturaleza holística.
Distribuyendo los síntomas o manifestaciones de tal
estado en tres grandes grupos, sobre la base de las clasificaciones
concensuadas por expertos en el tema, (psicofisiológicas,
cognitivo-conductuales y motoras) corroboramos los postulados de algunas
investigaciones (Handley R. 1996) que refieren la predisposición de algunos
pacientes a somatizar o expresar primero en el cuerpo el conflicto, otras
veces en el fallo de las funciones
intelectuales y muy frecuentemente en dolor emocional que consume la vitalidad.
El primer caso podría ser explicado desde lo que nuestro maestro barcelonés, el
doctor Ricardo Orozco ha dado en llamar Patrón Transpersonal.
Al
analizar la dinámica de los síntomas, atribuible al tratamiento con esencias
florales, observamos que entre los que se agrupan por su connotación psicofisiológica, son las diarreas y
trastornos abdominales los que
mejor evolucionan, (remitieron en los 6 pacientes que consultaron, para un
100%). Al aplicar un modelo de evaluación paradigmática, en consecuencia con el
enfoque floral, es la filosofía médica Ayurvédica quien aproxima los trastornos
abdominales a la búsqueda del poder personal, sobre todo ante la dolorosa
percepción de falta de competencia, cuando los hechos sobrepasan y los repertorios de conducta y los estilos de logro
resultan insuficientes.
Una efectividad apreciable se obtuvo en el tratamiento
del mareo con sensación de
inestabilidad con el 86.66 % de remisión del síntoma, con un 13.33% de mejorados .Coincidentemente los pacientes
aquejados de tales síntomas experimentaron incertidumbre en un 66 %.
La sensación de garganta seca o angosta presentó una
demanda de 8 pacientes de los 50 que conformaron la muestra, finalizado el
tratamiento dejaron de experimentarla 6, también en este variable indicador un
paciente reportó mejoría.
El ritmo cardíaco acelerado fue consultado por el mayor
número de pacientes y mostró una
remisión de 72.72%. Mejoraron o
experimentaron alivio el 13,63% El Diálogo entre el Este y el Oeste no
ha hecho más que comenzar, (según comentan algunos estudiosos de ambas
culturas) y la tantas veces desmentida participación de “corazón físico” en los
“asuntos del corazón” es ya una verdad científica irrefutable, sostenida por la
Medicina Hindú desde tiempos remotos. De no ser así, ¿cómo se explica que estas
personas, casi siempre con largas historias de exámenes clínicos y tratamientos
infructuosos, respondieran al abordaje
floral de su emocionalidad con tales indicadores de efectividad? En ellos, la
distorsión emocional predominante fueron
los celos, la desconfianza y la posesividad.
La dificultad para respirar o sensación de ahogo se
modificó positivamente como resultado de la intervención, 7 de 11 pacientes no
volvió a experimentarla, ninguno empeoró y 4 mejoraron.
La
evaluación de los trastornos motores nos permite exponer que el 100% de los que consultan por temblor en la voz y
tics remiten satisfactoriamente.
El
mayor número de personas aquejadas de manifestaciones motoras de la ansiedad lo
constituyen los que se quedan en blanco ante situaciones significativas que les
sobrepasan. En este caso el 71%
evolucionó favorablemente hacia la remisión del síntoma y el 29% hacia la
mejoría.
Entre
las manifestaciones motoras de la ansiedad, 2 pacientes exhibieron conductas de
evitación de los estímulos negativos. De ellos 1 reactivó sus mecanismos de
control de actuación y el otro mantuvo
su conducta de escape.
El comportamiento evolutivo de los síntomas
cognitivo-conductuales nos presenta la situación más satisfactoria en las
quejas de memoria con el 71.42% de
remisión y 29% mejorados. Este trastorno resultó ser una de las
verbalizaciones más angustiosas que realizaron los pacientes, sobre todo porque
añadida al cuadro sintomático,
profundizó la falta de confianza en las propias posibilidades. Contar con
esencias potenciadoras de la atención y la concentración fue el recurso
valioso, responsable de tales resultados.
Un comportamiento similar se aprecia en los pensamientos
negativos sobre la situación, con el 66.66% de remisión y un 33.33% del síntoma
mejorado. Indiscutiblemente, los cambios evaluados hasta aquí, dibujan la
imagen de una personalidad que recupera
la efectividad de su impacto sobre el
entorno, y es que, “el estado de ánimo cambia también si cambia la fisiología o
la imagen que se tiene de uno mismo” (Marina, 1998).
No es atrevido entonces decir, sin correr el riesgo de
atribuir más efectos que los dispensados por la intervención, que posiblemente
la situación real (extrayendo al individuo que es parte inseparable de ella)
haya sido poco modificada por los efectos de la maduración, sobre todo si se
tiene en cuenta el breve período de
tiempo transcurrido. Sin embargo cambió su percepción negativa de la situación y de sí, un número no despreciable de sujetos (18). Tal parece
que la desdibujaron del negro al gris, para bien de su integración armónica,
nueve personas y la mantuvieron dos.
La pérdida de confianza en sí mismo, de naturaleza
semejante, por lo que corresponde a la apreciación subjetiva muy vinculada a la
autoestima, mostró también la bondad de
la terapia, al no referirse nuevamente
tal vivencia en 12 de los 18 pacientes.
El insomnio (con el mayor número de pacientes que
consultan) y la preocupación sobre sus síntomas, alcanzan rangos similares en
la evolución (52 y 50% respectivamente). En cuanto al criterio Mejora, en el
primer caso se obtuvo un 48% y el 50%
en el segundo, ambos criterios, la Remisión y la Mejora, hablan a favor del
aumento del bienestar y la Calidad de Vida. Con el grado de deterioro
psicosocial que se registra en los indicadores iniciales de salud (antes) no extraña la alta
incidencia de este trastorno, como
tampoco el hecho que los cambios
registrados hasta aquí, reporten tales datos a favor de la calidad del sueño,
proceso que los informes más recientes
(Espinar, 1999) relacionan con
importantes funciones vitales como la producción de hormonas, la síntesis
proteica y el desarrollo de una vida normal.
La evaluación negativa de estímulos es el síntoma
de más baja remisión, con un valor de 25%, no obstante se alcanza un 75% de
mejoría. Es probable que en ello influya el hecho de que este informe proviene
de la evaluación subjetiva del paciente, que se muestra conservador a la hora
de evaluar los cambios que se producen en la percepción del estímulo
“responsable” de su ansiedad, que le superó y provocó en su momento la
indefensión y el desasosiego.
Un aspecto de interés es que en la evolución de los
síntomas, al valorar los resultados
terapéuticos por tipos de manifestaciones, no se
aprecian diferencias significativas desde el punto de vista estadístico,
confirmando la capacidad de la Terapia Floral de promover estructuras profundas
(Greco, 1999).
Como quiera que en definitiva, los juicios sobre la
efectividad de un tratamiento, dependen en gran medida de qué variables hayamos
tratado de observar y con qué procedimiento y dado que nos hemos basado
en los cambios producidos en la sintomatología para el análisis (de naturaleza más bien
impersonal) procedimos a agrupar a los
pacientes por el número de manifestaciones referidas, antes y después del
tratamiento. En nuestra muestra, 20 pacientes experimentaron entre 4 y 5
molestias, finalmente en este grupo quedaron sólo 3 y ninguno clasificó después en el criterio Mayor de 5, donde inicialmente se ubicaron 13.
Los
estados emocionales alterados, tratados con las esencias florales capaces de
desarrollar la virtud opuesta, fueron,
para su estudio, clasificados según los tipos emocionales de Bach.
Tratándose de Ansiedad, no se hará extraño que en orden decreciente apareciera la Hipersensibilidad,
(94%) seguida del Temor en sus diferentes formas de expresión (68%) luego el
Desaliento y la Desesperación (38%) seguido de la Incertidumbre (34%) y la
Excesiva preocupación por los demás (32%) y finalmente con iguales datos de
incidencia (22%) La falta de interés en las presentes circunstancias y el
Sentimiento de Soledad.
La correlación de las
Distorsiones Emocionales con las
diferentes Manifestaciones de ansiedad, aportó también importante información acerca del mapa
emocional que configuró las vidas de estos 50 pacientes y de su connotación
para la Salud, con independencia de que no pretendimos indagar acerca de las
complejas conexiones intrínsecas de determinadas emociones y afecciones específicas, teniendo en cuenta que el paciente, primero en la consulta (en
sesión evaluativa) y luego en los autoinformes de progreso, hacía referencia a
una gama de matices emocionales y afecciones, que el devenir de la terapia, orientada en una u otra dirección,
modificaba indiscriminadamente, lo que
confirma el supuesto que da vida a esta investigación y concibe la Ansiedad como una vivencia humana
dolorosa, sensible a la estimulación con esencias florales, que responde al
abordaje terapéutico de las emociones que le subyacen, con modificaciones
significativas en sus manifestaciones clínico-psicológicas en beneficio de la
calidad de vida del paciente.
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[1] Master en Gerontología Social, Terapeuta Floral de la Farmacia Homeopática de Santa Clara. Diplomada en Terapia Floral. Miembro del Grupo Nacional de Terapia Floral y del Claustro del Diplomado Nacional de Terapia Floral.
[2] Doctora en Ciencias Psicológicas. Profesora Titular de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas y del Instituto de Ciencias Médicas de Villa Clara. Diplomada en Terapia Floral. Miembro del Claustro del Diplomado Nacional de Terapia Floral. Presidenta de la Filial de Psicología de la Salud de Villa Clara. Master en Psicología Médica y Especialista en Psicología de la Salud.
[3] Directora de la Farmacia Homeopática de Santa Clara. Diplomada en Homeopatía y Terapia Floral. Miembro del Grupo Nacional de Terapia Floral y del Claustro del Diplomado Nacional de Terapia Floral. Vicepresidenta de la Filial de Medicina Bioenergética del Instituto Superior de Ciencias Médicas